Influencers alquilan autos deportivos, mansiones y sets de jets privados para simular riqueza en redes sociales y vender cursos de hasta USD 1,000.
Lamborghinis por horas y mansiones de Airbnb para grabar contenido
Detrás de muchas publicaciones que exhiben autos de alta gama, desayunos en jets privados y relojes de lujo hay una industria de alquiler diseñada exclusivamente para producir contenido aspiracional. El tecnólogo Tomás Balmaceda explicó que en ciudades como Los Ángeles existen empresas que rentan autos deportivos ultracostosos por una tarde, solo para filmar videos. También hay mansiones disponibles en plataformas de alquiler temporal contratadas específicamente para generar este tipo de material.
Balmaceda precisó que el engaño va más allá de los escenarios físicos. Servicios digitales permiten falsificar dashboards de ventas, animaciones de ganancias y supuestas billeteras virtuales con cifras millonarias. Incluso se pueden rentar relojes costosos, tanto originales como réplicas, para reforzar la narrativa de prosperidad.
El “larping”: simular una identidad millonaria para vender el secreto
El fenómeno se describe con el término larping, derivado del inglés live action role play, y se aplica a quienes construyen una identidad de riqueza inalcanzable para luego comercializar el supuesto secreto de su éxito. El proceso comienza con perfiles que publican solo escenarios aspiracionales, evitando cualquier referencia a la vida cotidiana real. Los relatos suelen incluir inversiones en criptomonedas, ventas de productos importados o actividades que prometen altos retornos con bajo esfuerzo.
La estrategia culmina con la oferta de cursos, mentorías o materiales digitales con precios que oscilan entre USD 500 y USD 1,000, sin pruebas verificables de efectividad. Cuando los compradores no obtienen resultados, los vendedores suelen responsabilizarlos con frases como “no le estás poniendo suficiente esfuerzo”, según relató Balmaceda.
Sanciones limitadas y un mercado que crece en contextos de crisis
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos comenzó a sancionar estas prácticas, aunque las multas encuentran límites cuando las promesas se presentan como herramientas y no como garantías de resultados. La industria se expande especialmente en contextos de crisis económica, cuando más personas buscan alternativas rápidas para mejorar sus ingresos.
Balmaceda señaló que, en algún grado, la mayoría de los usuarios selecciona lo que muestra en redes. La diferencia radica en el objetivo: mientras unos buscan compartir experiencias, otros utilizan la simulación para obtener beneficios económicos directos de sus seguidores.
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