Cada 6 de febrero, el Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina pone en el centro del debate una de las violaciones de derechos humanos más persistentes y silenciadas en el mundo.
Esta fecha, instaurada por Naciones Unidas, busca visibilizar que millones de niñas y mujeres siguen siendo sometidas a una práctica que no tiene ningún beneficio para la salud y que responde únicamente a normas sociales y de control sobre sus cuerpos y su autonomía.
La mutilación genital femenina se define como todos los procedimientos que implican la alteración o lesión de los genitales externos femeninos por razones no médicas, ya sea mediante la extirpación parcial o total de los mismos o cualquier otra forma de daño. Organismos como la ONU y la Organización Mundial de la Salud la reconocen como una violación grave de los derechos humanos, de la salud y de la integridad física y mental de niñas y mujeres, ya que provoca dolor intenso, hemorragias, infecciones, complicaciones en el parto, problemas sexuales y secuelas psicológicas duraderas.
@profesdepelucheEfeméride 6 de febrero se conmemora el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF). Esta fecha busca crear conciencia y reforzar un mensaje esencial: ninguna práctica que lastime el cuerpo de una niña o una mujer debe normalizarse. La MGF es una violación de derechos y puede causar consecuencias físicas y emocionales. Informar también es cuidar. #6Febrero #ToleranciaCero #ProteccionDeNinas #DerechosHumanos #InfanciasSeguras #Prevencion #EducacionConValores #Respeto #Dignidad #profesdepeluche #profedepeluche
Esta práctica abarca un abanico de procedimientos que van desde la eliminación del clítoris hasta formas más invasivas que estrechan la abertura vaginal mediante suturas, y se realiza casi siempre en la infancia o en la adolescencia temprana. Aunque se concentra sobre todo en unos 30 países de África y Medio Oriente, también se ha documentado en naciones de Asia, América Latina y en comunidades migrantes de Europa, Norteamérica y Oceanía, lo que evidencia que es un fenómeno global y no exclusivo de una región o religión.
Las cifras recientes muestran la magnitud y, a la vez, la urgencia del problema: más de 230 millones de niñas y mujeres vivas hoy en el mundo han sido sometidas a mutilación genital femenina, un aumento de alrededor de 30 millones de casos, equivalente a un 15 por ciento más que las estimaciones de 2016. Solo en este año, se calcula que 4,4 a 4,5 millones de niñas podrían estar en riesgo, lo que supone más de 12 mil casos cada día si no se acelera la prevención; además, los organismos internacionales advierten que, de mantenerse las tendencias actuales, decenas de millones de niñas adicionales serán afectadas de aquí a 2030.
Frente a esta realidad, la lucha a nivel mundial se articula en varios frentes que van desde el trabajo comunitario hasta las grandes cumbres diplomáticas. Naciones Unidas, UNICEF, UNFPA, la OMS y decenas de organizaciones especializadas impulsan programas conjuntos para transformar normas sociales, fortalecer leyes que prohíben la práctica, capacitar a personal de salud para que no la medicalice, y garantizar atención integral, física y emocional, para las sobrevivientes. Estas iniciativas colocan a las propias niñas, jóvenes y mujeres activistas como protagonistas del cambio, con campañas que se apoyan en la educación, la igualdad de género y el empoderamiento económico como herramientas para decir no a la mutilación.
A menos de una década de la meta global de eliminar esta práctica para 2030, los avances logrados corren el riesgo de estancarse o retroceder debido a crisis humanitarias, conflictos armados, recortes de financiamiento y retrocesos en derechos, por lo que la consigna de tolerancia cero cobra renovada vigencia.
Cada 6 de febrero, la comunidad internacional llama a redoblar la inversión, mejorar los datos, escuchar a las sobrevivientes y garantizar que ninguna niña vea vulnerados sus derechos por tradiciones dañinas, recordándole al mundo que la mutilación genital femenina no es un asunto cultural intocable, sino una violación que debe terminar en todos los países y en todas las comunidades.




