En El Día de Muertos, las mascotas también tienen su propia ofrenda para honrar su memoria. ¿Cuándo se pone y qué elementos lleva?
El 26 de octubre, la fecha clave para preparar el altar
A diferencia de las almas de los niños y los adultos, que se reciben el 1 y 2 de noviembre respectivamente, las de los animales llegan el 27 de octubre. Por eso, la ofrenda debe estar lista desde la noche anterior para recibirlos al amanecer.
La tradición indica que el altar puede mantenerse durante la mayor parte del mes, pero debe retirarse durante la tarde del 3 de noviembre.
La fotografía, elemento central del altar
La imagen de la mascota debe ocupar el lugar principal de la ofrenda, pues es la forma de dedicársela directamente. Junto a ella se recomienda colocar agua fresca, que simboliza la pureza y el descanso tras el camino que, según la tradición, recorren las almas para visitar a sus seres queridos.
También se puede incluir una pequeña porción de su comida favorita —croquetas, premios o su alimento habitual— como representación del cariño cotidiano. Objetos personales como su pelota, collar, manta o juguete preferido completan ese vínculo afectivo en el altar.
Flores, velas y papel picado guían el camino del alma
Las veladoras cumplen una función simbólica doble: representan la esperanza y orientan a las almas en su trayecto. Los pétalos de cempasúchil, por su parte, marcan el camino hacia la ofrenda según la tradición.
El papel picado aporta el elemento festivo al altar y representa el viento. Aunque no es obligatorio, una placa con el nombre de la mascota, una huella o una frase especial permite personalizar el homenaje.




