Karol G consolidó su histórico momento en Coachella al repetir como cabeza de cartel durante el segundo fin de semana del festival, ofreciendo un show casi calcado al de su debut, pero con nuevos invitados y una renovada demostración de fuerza latina y femenina que hizo vibrar al público en el desierto de California.
La colombiana, primera mujer latina en encabezar el festival, volvió a abrir la noche con la intro en forma de leyenda sobre el origen de las mujeres latinas y arrancó su presentación vestida de dorado, con una potente puesta en escena que reafirmó su mensaje de orgullo y empoderamiento desde los primeros minutos con Latina Foreva.
Desde ese inicio marcado por el baile y la reivindicación, Karol G hiló un repertorio que combinó sus éxitos recientes con una producción visual imponente, en un escenario de estética cavernaria, rodeada de una multitud de bailarines que dieron al concierto un carácter casi teatral.
Canciones como Un gatito me llamó y Oki Doki construyeron el primer tramo del show, pensado para no dar tregua al público, mientras las pantallas, el movimiento de luces y la energía coreográfica reforzaban la sensación de estar frente a uno de los espectáculos más ambiciosos de esta edición de Coachella.
La gran novedad de esta segunda noche fue la presencia de Peso Pluma como primer invitado especial, tomando el relevo de Mariah Angeliq, quien la acompañó el fin de semana anterior.
El mexicano se unió a Karol G para interpretar Qlona, desatando una ola de banderas, gritos por México y Latinoamérica, y subrayando el carácter diverso del público presente en el festival, que respondió con euforia a este cruce de dos de las figuras más populares de la música urbana actual.
Tras un primer cambio de vestuario, Karol G reapareció cubierta de plumas para introducir un bloque dedicado al folclore y los colores de su tierra, donde la salsa de Tropicoqueta tomó protagonismo y el escenario se transformó en una fiesta caribeña a gran escala. En ese segmento volvió a sorprender el ya icónico guacamayo gigante sobre el que la artista se sube durante Papasito, un recurso escénico que refuerza el tono festivo y visual de la propuesta y que se ha convertido en una de las imágenes más comentadas de su paso por Coachella.
El toque mexicano regresó con fuerza cuando los mariachis, integrados nuevamente en el show, volvieron al escenario para acompañar a la cantante en Negrita de mis pesares y Ese hombre es malo, fusionando su universo urbano con sonoridades tradicionales y rindiendo homenaje a la cultura latina en todo su espectro.
Este guiño musical, sumado a la presencia de banderas de distintos países en el público, reforzó la idea de un espectáculo pensado como celebración regional, en el que la identidad latina no es solo un adorno estético, sino el eje narrativo de toda la puesta en escena.
Becky G repitió como segunda invitada del show, esta vez con un look rojo intenso que combinó con la torera que lució Karol G para su aparición conjunta. Juntas interpretaron Mamiii, retomando uno de los momentos más esperados por los fans, y dieron paso a una secuencia más sensual con temas como A su boca la amo y Gatúbela/Rompe, donde el baile de la colombiana volvió a ser protagonista y uno de los puntos más comentados del fin de semana.
Antes de encarar la recta final, Karol G se tomó un momento para agradecer la energía del público, pedir que encendieran las luces de sus celulares y presentar El Barco, un tema muy querido por sus seguidores que no había formado parte del setlist del primer fin de semana, añadiendo así un matiz más íntimo a una noche dominada por el espectáculo y la reivindicación.




