Seis prácticas ancestrales de jardinería que la ciencia respalda
Bienestar

Seis prácticas ancestrales de jardinería que la ciencia respalda

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Expertos en horticultura recuperan técnicas transmitidas por generaciones que, según evidencia científica, mejoran la salud del suelo y reducen el uso de químicos.

Alimentar la tierra antes que la planta

Mary Phillips, responsable de estrategia de hábitat de plantas nativas en la National Wildlife Federation (NWF), señaló que el principio central de sus abuelos era incorporar compost, estiércol madurado y mantillo de hojas al suelo cada primavera y otoño, en lugar de recurrir a fertilizantes químicos. La Royal Horticultural Society (RHS) respalda este enfoque desde su proyecto de salud del suelo iniciado en 2025 en RHS Wisley, afirmando que la materia orgánica mejora la estructura del suelo, su fertilidad y la actividad microbiana. “Un suelo sano sostiene un ecosistema diverso, mejora la retención de agua y reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos”, declaró Phillips.

La misma experta rescata otra práctica de sus mayores: jamás dejar la tierra expuesta a la intemperie. Sus abuelos cubrían el suelo con paja, hojas trituradas o astillas de madera sin tintes y, cuando no disponían de mantillo, plantaban cubiertas vegetales. La Universidad de Minnesota documenta que el acolchado reduce la evaporación superficial, suprime las malezas al bloquear la luz solar y contribuye a formar suelos más resistentes a la compactación y la erosión.

Técnicas con respaldo desigual: pelo humano y cáscaras de banana

Linda Vater, diseñadora de jardines, indicó que sus abuelos usaban pelo de cepillo para ahuyentar plagas mediante el olor humano. Sin embargo, la propia Vater expresó reservas sobre la técnica, ya que exige renovar el cabello con frecuencia y carece de evidencia sólida. La RHS recomienda en su lugar incorporar plantas resistentes a plagas —con espinas o texturas ásperas— como barrera perimetral alrededor de cultivos más vulnerables.

Wes Harvell, experto en rosas de Jackson & Perkins, explicó que sus abuelos enterraban cáscaras de banana al pie de los rosales para estimular floraciones más abundantes, práctica que tiene fundamento en el aporte de potasio de las cáscaras. No obstante, Harvell advirtió que ese mineral es solo uno de los nutrientes que los rosales requieren y recomendó realizar un análisis de suelo antes de cualquier enmienda. En su rutina, tritura o licúa las cáscaras antes de incorporarlas al compost, o las remoja en agua varios días para obtener un abono líquido.

Recolección manual de plagas y convivencia con la fauna

El arquitecto paisajista Pieter Croes detalló que su abuelo recorría el huerto cada mañana, antes del desayuno, para recoger caracoles y retirarlos del jardín, convirtiendo el mantenimiento en un momento de observación. La RHS coincide con este enfoque y aconseja tolerar cierto nivel de daño en las hojas y evitar el uso de pesticidas ante los primeros signos de afectación, con el fin de sostener la cadena alimentaria del jardín. “Te conecta con el jardín y transforma el mantenimiento en un instante de calma y alegría”, precisó Croes.

Phillips agregó que la lección más intangible de su abuelo fue la importancia de convivir con la fauna y cultivar un vínculo con el entorno natural, concibiendo el jardín como un sistema vivo en el que todo está interconectado. La RHS refuerza esta visión al señalar que los jardines pueden funcionar como microhábitats que sostienen la biodiversidad local cuando se diseñan con criterios de convivencia con la vida silvestre.