Nutricionista y psicóloga de Dulce Bienestar presentaron la iniciativa “Compartiendo Bienestar”, que impulsa hábitos sostenibles basados en balance y no en prohibición.
Ningún alimento por sí solo define una dieta saludable
Isabella Trejo, nutricionista clínica, y Natalia Sandoval, licenciada en Psicología Clínica con maestría en Conducta Alimentaria, participaron en la iniciativa “Compartiendo Bienestar” de Dulce Bienestar para acercar a la población información científica sobre alimentación. El evento se realizó el 2 de septiembre de 2026 en Guatemala.

Trejo explicó que una alimentación balanceada no implica eliminar alimentos ni buscar la perfección, sino entender qué necesita el cuerpo, incorporar variedad y mantener un equilibrio en la vida cotidiana. Precisó que la variedad, las porciones y la frecuencia de consumo son elementos clave al evaluar un estilo de vida. Además, señaló que ningún alimento por sí solo determina si una alimentación es saludable o no.
Al respecto, ambas profesionales cuestionaron la tendencia a clasificar alimentos como “buenos” o “malos”. Dulce Bienestar destaca que la alimentación debe observarse en su conjunto y acompañarse de otros hábitos, como actividad física, descanso adecuado y cuidado del bienestar emocional.
La culpa y la restricción afectan la relación con la comida
Sandoval indicó que asociar ciertos alimentos con culpa, sentir la necesidad de compensar después de comerlos o mantener restricciones constantes puede afectar negativamente los hábitos alimentarios. Agregó que cuando se deja de ver la comida desde la prohibición, es posible desarrollar hábitos más flexibles y sostenibles.
La psicóloga señaló que esto es especialmente relevante en hogares con niños, ya que los menores aprenden observando cómo los adultos hablan sobre los alimentos y sus propios cuerpos.

Recomendaciones para fomentar hábitos desde la infancia
Las profesionales recomiendan evitar usar alimentos como premio o castigo, cuidar los comentarios sobre peso e imagen corporal, y ofrecer variedad desde edades tempranas. Asimismo, sugieren no transmitir miedo hacia determinados alimentos para contribuir a una relación más equilibrada con la alimentación.
El mismo principio aplica a decisiones cotidianas como preparar una lonchera: en lugar de buscar opciones “perfectas”, se puede procurar variedad e incorporar diferentes grupos de alimentos que aporten energía y nutrientes, sin perder de vista que la alimentación también debe ser práctica y disfrutable.





