Mantequilla casera de kéfir: así la puedes hacer en 6 pasos
Bienestar

Mantequilla casera de kéfir: así la puedes hacer en 6 pasos

Mía24-jun

Fermentar crema de leche con búlgaros de kéfir permite obtener una mantequilla artesanal con sabor ácido, textura cremosa y mayor digestibilidad que la versión convencional.

Proceso sencillo al alcance de cualquier cocina

La mantequilla casera de kéfir se elabora mezclando 500 ml de crema de leche fresca con mínimo 35% de grasa junto a dos o tres cucharadas de búlgaros de kéfir activos en un recipiente de vidrio limpio. La mezcla debe reposar entre 12 y 24 horas hasta obtener una crema espesa con sabor ligeramente ácido.

Una vez fermentada, se retiran los granos de kéfir con un colador fino, y la crema resultante se bate hasta separar la mantequilla del suero lácteo. El suero se escurre hasta lograr una textura firme, y el producto final se envasa en un recipiente hermético de vidrio para refrigerar.

Lo que dice la ciencia sobre este alimento fermentado

Según un estudio publicado en la revista científica Fermentation, editada por MDPI en 2024, los productos lácteos elaborados con granos de kéfir pueden presentar mayor presencia de bacterias ácido lácticas, menor contenido de lactosa y cambios favorables en determinados perfiles de ácidos grasos como consecuencia del proceso fermentativo.

Asimismo, la fermentación previa puede reducir parte de la lactosa presente en la leche, lo que facilita su tolerancia en algunas personas. El proceso también genera sustancias derivadas de la actividad de los microorganismos del kéfir, que son objeto de estudio por su potencial funcional.

Beneficios nutricionales de la grasa láctea fermentada

La mantequilla de kéfir puede contribuir al mantenimiento de una microbiota intestinal saludable gracias a los microorganismos presentes en los productos fermentados. Además, la grasa láctea puede contener vitaminas liposolubles como A, D, E y K, importantes para diferentes funciones del organismo.

Por otra parte, sus grasas proporcionan una fuente concentrada de energía para las actividades diarias. El producto se conserva en refrigeración hasta por siete días, siempre que se almacene en un recipiente hermético de vidrio limpio y se manipule con utensilios limpios durante su preparación.