Qué es el “matrimonio lavanda” y por qué gana terreno entre la generación Z
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Qué es el “matrimonio lavanda” y por qué gana terreno entre la generación Z

Mía•hace 1d

Jóvenes menores de 30 años impulsan esta forma de convivencia que prioriza estabilidad económica y compañía sobre el romance o el deseo sexual.

Una unión sin romance ni deseo sexual

El llamado matrimonio lavanda es una convivencia entre dos personas que deciden compartir la vida sin que la relación esté basada en el amor romántico ni en el deseo sexual. El modelo coloca el eje en la estabilidad emocional, económica y cotidiana: compartir gastos, organizar la vida en común y acompañarse en proyectos personales. La pareja se construye desde la afinidad, la confianza y los objetivos compartidos.

Aunque hoy parezca novedoso, este tipo de unión tiene raíces históricas que se remontan al siglo XIX. En esa época, muchas personas homosexuales no podían vivir abiertamente su orientación y se casaban con alguien del sexo opuesto para protegerse socialmente, construyendo un hogar donde primaban el respeto, la compañía y los acuerdos.

Crisis económica como motor del fenómeno

Con el paso del tiempo, el concepto se resignificó y hoy no está ligado únicamente a la identidad sexual. Entre jóvenes menores de 30 años aparece como respuesta a un contexto marcado por alquileres altos, trabajos inestables y la dificultad de acceder a una vivienda propia.

Las aplicaciones de citas también juegan un rol en su expansión. La lógica de conocer personas a través de pantallas generó, en muchos casos, cansancio emocional y vínculos frágiles, ante lo cual el matrimonio lavanda propone algo más previsible: una relación acordada, clara y sostenida en el tiempo.

TikTok amplifica el debate

El fenómeno creció tanto que en TikTok y otras plataformas se multiplican publicaciones bajo el hashtag #lavendermarriage, donde personas cuentan cómo buscan o viven este tipo de unión. Algunos esperan que con el tiempo pueda surgir el amor o el deseo. Otros, en cambio, separan completamente el proyecto de vida de la vida sexual.

Desde la psicología se plantea una mirada prudente al respecto. Si bien puede ser una opción válida, sostener una convivencia donde lo económico y lo funcional son lo principal requiere acuerdos muy sólidos y una gran madurez emocional. La clave, señalan, está en que ambas partes tengan claro qué esperan —y qué no— de ese vínculo.