Una receta de origen francés con ingredientes de cocina casera que convierte cualquier carne, pasta o arroz en un plato con sabor profundo y textura cremosa.
Ingredientes para cuatro porciones
La salsa requiere 500 g de champiñones blancos o portobello, una cebolla cabezona blanca pequeña, dos dientes de ajo, dos cucharadas de mantequilla y una cucharada de aceite vegetal. También se necesita una taza de caldo de pollo o de verduras, una taza de crema de leche, tomillo seco, sal, pimienta negra y perejil fresco picado.
De forma opcional, se puede incorporar media taza de vino blanco y una cucharadita de mostaza para dar más profundidad al sabor.
Preparación paso a paso
El primer paso es limpiar los champiñones con un paño húmedo —nunca sumergirlos en agua— y cortarlos en láminas delgadas. La cebolla y el ajo se pican en trozos pequeños.
En una sartén amplia a fuego medio-alto se calienta la mantequilla con el aceite. Se sofríe la cebolla durante tres minutos, luego se agrega el ajo y se cocina 30 segundos más. Los champiñones se añaden en una sola capa y se cocinan sin tapa entre siete y ocho minutos, hasta que pierdan su agua y tomen color.
Si se usa vino blanco, se vierte en este punto y se raspa el fondo de la sartén con cuchara de madera. Después de tres minutos se incorpora el caldo con el tomillo y se cocina cinco minutos más. Finalmente se agrega la crema de leche —con el fuego bajo para evitar que se corte— y la mostaza. La cocción continúa cuatro o cinco minutos hasta que la salsa espese.
Clave del sabor: dorar bien los hongos
Dorar los champiñones sin tapar la sartén es el paso determinante para concentrar el sabor. Si la salsa queda demasiado espesa, se corrige con dos o tres cucharadas de caldo caliente; si queda líquida, se deja reducir unos minutos más a fuego bajo.
Al apagar el fuego se agrega el perejil picado y se sirve caliente sobre carne, pollo, pasta, arroz o papas. Cada porción aporta aproximadamente 220 kcal, 5 g de proteínas, 9 g de carbohidratos y 19 g de grasas.
Conservación y recalentado
La salsa se guarda en recipiente hermético en la nevera hasta tres días. Para recalentarla se usa una sartén a fuego bajo con un chorrito de leche o caldo, revolviendo sin dejarla hervir. También puede congelarse hasta un mes, aunque la crema de leche puede cambiar ligeramente de consistencia al descongelarla.




