Un estudio de Saint Louis University con 171,134 historias clínicas reveló que las mujeres son diagnosticadas con autismo a los 15,7 años, frente a los 12,3 de los hombres.
Mayor detección en mujeres explica el alza de diagnósticos de TEA
Investigadores de la Saint Louis University (SLU), en Estados Unidos, analizaron registros médicos electrónicos de 171,134 pacientes atendidos entre 2016 y 2024 en un sistema de salud del Medio Oeste. El trabajo, publicado en JAMA Network Open, concluye que el aumento reciente de diagnósticos de trastorno del espectro autista (TEA) se explica, en buena medida, por una mayor identificación de casos en mujeres y niñas.
El estudio, liderado por Erick Messias, profesor de Psiquiatría y Neurociencia Conductual de la Facultad de Medicina de SLU, mostró que los diagnósticos en hombres se mantuvieron estables o registraron una leve baja durante el período analizado. En contraste, la identificación de mujeres con autismo aumentó de forma sostenida. Para los autores, el cambio no implica necesariamente que haya más personas autistas que antes, sino que el sistema de salud reconoce mejor formas de presentación que durante mucho tiempo pasaron desapercibidas.
El “camuflaje social” retrasa la detección en niñas y adolescentes
Uno de los hallazgos centrales fue la brecha en la edad del diagnóstico: las mujeres lo recibieron en promedio a los 15,7 años, frente a los 12,3 años de los hombres, una diferencia de 3,4 años. Los investigadores señalaron que muchas niñas y adolescentes desarrollan estrategias para imitar conductas sociales y disimular dificultades, fenómeno conocido como “camuflaje social”.
El camuflaje no elimina las dificultades, precisó el estudio. Una persona puede parecer integrada en la escuela o en grupos sociales, pero experimentar ansiedad, agotamiento o confusión ante situaciones cotidianas. Cuando esas señales no se relacionan con el autismo, es posible que la persona reciba otros diagnósticos, como ansiedad, depresión o trastornos de la conducta, que no siempre explican por completo su experiencia.
Además, los criterios diagnósticos históricamente se construyeron a partir de estudios realizados en varones, lo que los hace insuficientes para detectar a mujeres que presentan otras señales o que aprendieron a ocultar sus dificultades para adaptarse al entorno.
La pandemia no frenó el alza y el síndrome de Asperger desaparece de los registros
Los investigadores detectaron un cambio importante a partir de 2020, con el inicio de la pandemia de COVID-19. Aunque ese período estuvo marcado por interrupciones en la atención médica y cierres de servicios, el aumento de diagnósticos en mujeres no fue solo un efecto temporal: la tendencia se mantuvo en los años posteriores.
El estudio también registró la desaparición progresiva del diagnóstico de síndrome de Asperger en los registros médicos. Ese término dejó de formar parte de los principales manuales diagnósticos en 2013, cuando fue incorporado dentro de la categoría TEA, conforme al DSM-5. Sin embargo, el código administrativo de Asperger siguió presente durante años en algunos sistemas de salud de Estados Unidos hasta que los médicos comenzaron a reemplazarlo.
Autores piden ampliar estrategias de detección por edad y género
Los autores advierten que el sistema de salud debe ampliar sus estrategias de detección y que el autismo no debe considerarse solo una condición de la infancia ni asociarse de forma automática con los varones. Indicaron que los profesionales necesitan herramientas que reconozcan distintas formas de presentación según la edad, el género y la historia personal de cada paciente.
Asimismo, señalaron que para muchas mujeres adultas recibir una evaluación tardía permite comprender experiencias de la infancia, la adolescencia o la vida laboral que antes no tenían explicación, un grupo que durante mucho tiempo tuvo menor representación en los estudios y diagnósticos sobre autismo.




