La actriz y directora, de 63 años, reveló en entrevista con The Telegraph que envejecer la liberó de las presiones de Hollywood y que hoy considera su trabajo mejor que nunca.
De la ansiedad a los 50 a la libertad a los 63
Foster confesó que su quinta década de vida estuvo marcada por la ansiedad y “una extraña sensación de insuficiencia”. El punto de quiebre llegó al entrar en los sesenta: “Algo cambió. Sentí que ya no me importaba”, declaró a The Telegraph.
La actriz rechazó procedimientos estéticos como bótox, rellenos o cirugías habituales en la industria. Explicó que afronta su edad sin intentar competir con actrices más jóvenes y que valora el bienestar de mostrarse tal como es.
Al respecto, afirmó que su felicidad y libertad profesional han alcanzado un punto inédito. “Creo que mi trabajo está mejor que nunca, soy más feliz en él”, expresó, y añadió: “Ahora, a mis 63 años, estoy más feliz que nunca haciendo películas”.
Crítica a la exposición pública de las celebridades
Foster también marcó distancia con el modelo de exposición mediática dominante en Hollywood. “Se espera que cada celebridad honre los detalles de su vida privada con una rueda de prensa, un perfume y un reality show en horario estelar”, señaló.
Sobre su identidad, recordó con ironía: “Espero que no les decepcione que no haya un gran discurso de salida del armario esta noche, porque ya lo hice hace unos mil años”.
Robert De Niro y el descubrimiento de la actuación a los 12 años
Foster, quien debutó frente a las cámaras a los tres años, indicó que fue durante el rodaje de Taxi Driver, a los 12 años, cuando comprendió la profundidad del oficio junto a Martin Scorsese y Robert De Niro. “De Niro me enseñó que actuar era mucho más que recitar líneas”, relató.
Hasta ese momento, la actriz sentía que interpretaba personajes de forma superficial, siguiendo instrucciones sin una conexión genuina con el arte dramático. Asimismo, precisó que su formación en el Lycée Français de Los Ángeles, impulsada por su madre Evelyn Foster, fue clave para ampliar su visión más allá del entorno hollywoodense.
La madre que tomaba todas las decisiones
Foster admitió que “gran parte de su trabajo en los primeros años estaba ligado a los problemas y deseos de su madre”. Evelyn Foster fue quien tomaba las decisiones sobre qué personajes interpretar y qué proyectos aceptar, y ejerció como representante de su hija hasta 1992, poco después de que Jodie obtuviera su segundo Óscar.
La convivencia entre ambas estuvo marcada por el control y momentos difíciles, especialmente durante la adolescencia de Foster y tras el nacimiento de sus hijos. “Ella era controladora y tenía opiniones sobre todo”, reconoció la actriz.
La enfermedad y muerte por demencia de Evelyn en 2019 fue descrita por Foster como un periodo “horrible y difícil”, aunque también un alivio en ciertos aspectos. A partir de esa experiencia, detalló que procura no repetir esos patrones con sus hijos, Charlie y Kit: “Quiero que sepan que sus logros y fracasos les pertenecen”.




