Cuidado con el volumen, el ruido crónico daña la salud y retrasa el aprendizaje infantil
Bienestar

Cuidado con el volumen, el ruido crónico daña la salud y retrasa el aprendizaje infantil

Míahace 2d

El catedrático Jesús Alba, experto en acústica de la Universidad Politécnica de Valencia, advierte que el ruido es un contaminante reconocido por la OMS que afecta especialmente a niños, adultos mayores y personas con patologías del sistema nervioso.

Un agresor invisible sin cultura de prevención

Alba señala que no existe conciencia colectiva sobre los daños reales del ruido en la salud. Lo define como un “agresor invisible” porque el cuerpo humano registra la agresión acústica aunque la persona crea haberse acostumbrado al sonido.

El experto precisó que la Organización Mundial de la Salud lleva décadas documentando el ruido como contaminante, pero que la población no lo percibe como una amenaza comparable a otros factores ambientales. Esa desconexión es, según él, el principal obstáculo para tomar medidas.

Niños en zonas de alto tráfico tardan más en aprender a leer

Los centros educativos ubicados cerca de carreteras con tráfico pesado o aeropuertos registran niveles sonoros elevados que, según Alba, coinciden con estudios que muestran mayor tiempo para aprender a leer y problemas de comportamiento en los alumnos. El cuerpo infantil permanece en estado de alerta constante ante esa exposición, lo que dificulta la concentración.

Asimismo, el catedrático publicó estas observaciones en un artículo en la plataforma científica La Conversa, donde también destaca la diferencia entre entornos urbanos y rurales en cuanto a exposición sonora en escuelas.

Escala de decibelios y umbrales de riesgo

Desde los años 80, la OMS establece límites de exposición según el contexto: para dormir, no se deberían superar los 30 dB. Alba detalló que con 55 dB ya se generan molestias, con 65 dB resulta difícil mantener una conversación y a partir de ese punto los riesgos para la salud aumentan progresivamente.

El físico advirtió que los 80 dB representan un nivel peligroso y que los 85 dB obligan, por normativa laboral, al uso de protectores auditivos. Sin embargo, algunas carreteras próximas a colegios generan exactamente ese nivel sin que se apliquen medidas equivalentes.

Reducir velocidad y cambiar el asfalto, entre las soluciones

Alba defiende reducir la velocidad del tráfico de 50 a 30 km/h cerca de centros escolares, una medida que ya existe como regla a nivel mundial. También propone barreras de vegetación, mejora del aislamiento acústico en colegios y patios, y la instalación de pavimento especial que reduzca el ruido de rodadura.

El experto precisó que, aunque los vehículos eléctricos no producen ruido mecánico, el asfalto por el que circulan sí lo genera. Por ello, plantea el reasfaltado periódico de carreteras como medida para mantener condiciones acústicas adecuadas.

Más fácil reclamar por fiestas que por carreteras

El catedrático indicó que la sociedad sí reacciona ante el ruido de ocio —festivales, Zonas Acústicamente Saturadas en barrios— porque identifica con claridad a quién reclamar. En cambio, denunciar el ruido de una carretera, un aeropuerto o el transporte pesado resulta mucho más difícil, lo que perpetúa la inacción.

Alba reconoció que en algunos casos, tras denuncias puntuales, ciertas ciudades han reforzado el aislamiento acústico en viviendas cercanas a aeropuertos o instalado pantallas junto a vías de tren de alta velocidad. Agregó, sin embargo, que el problema en carreteras sigue sin recibir la atención que merece, pese a ser estas la principal fuente del ruido ambiental.