Factores biológicos, sociales y evolutivos explican por qué las mujeres tienen una esperanza de vida mayor a nivel global, según investigadores de Oxford, Valencia y el Instituto Max Planck.
La brecha varía según el país y los hábitos masculinos
A nivel global, las mujeres viven un promedio de cinco años más que los hombres. Según datos del estudio Our World in Data de la Universidad de Oxford, en países como Rusia, Ucrania y Vietnam esa diferencia supera los diez años, mientras que en Nigeria es mínima.
La profesora Sarah Harper, directora del Instituto de Oxford sobre el Envejecimiento de la Población, señala que gran parte de esa variación responde a conductas sociales. En ciertas regiones, los hombres consumen más alcohol y tabaco, mantienen dietas menos saludables y acuden con menor frecuencia a los servicios médicos.
Además, la población masculina desempeña con mayor frecuencia trabajos de alta peligrosidad y registra tasas más elevadas de mortalidad por accidentes de tráfico, violencia, homicidios y suicidios. Sin embargo, Harper precisa que estas tendencias no son permanentes: campañas antitabaco implementadas en el Reino Unido durante las décadas de 1960 y 1970 demostraron reducir drásticamente la brecha de mortalidad prematura.
El estrógeno protege; la testosterona, no tanto
Consuelo Borrás, fisióloga especializada en envejecimiento de la Universidad de Valencia, indica que los estrógenos benefician al organismo femenino en el control del colesterol, la regulación del sistema inmunitario, la prevención de infecciones urinarias y la protección ósea y cerebral. La hormona actúa además como antioxidante contra los radicales libres responsables del envejecimiento celular.
Por su parte, la testosterona se asocia a comportamientos de riesgo y a posibles efectos nocivos que aún se investigan. Estudios observacionales de registros históricos apuntan a que los hombres castrados presentaban una longevidad notablemente mayor, tendencia que también se ha verificado en experimentos con animales.
Doble cromosoma X: una ventaja genética femenina
Johanna Staerk, investigadora del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Alemania, explica que las hembras de los mamíferos poseen dos cromosomas X (XX), lo que permite que una copia compense una mutación perjudicial en la otra. Los machos, con un solo cromosoma X, carecen de esa ventaja.
Asimismo, investigaciones publicadas en 2025 indican que las especies monógamas muestran diferencias de longevidad menos marcadas entre sexos. En contraste, en especies no monógamas como los leones o los gorilas, los machos evolucionaron priorizando rasgos físicos competitivos a costa de su esperanza de vida.
Desde la perspectiva evolutiva, Staerk agrega que la evolución favorece que las madres de especies longevas, incluidos los seres humanos, vivan más tiempo para garantizar la crianza de la descendencia hasta la edad adulta.
Vivir más no significa vivir mejor
Los datos también revelan una paradoja: las mujeres pasan más tiempo de su vida conviviendo con enfermedades no mortales, como dolores de espalda, migrañas y depresión. Su respuesta inmunitaria, más robusta, las protege de infecciones, pero incrementa la susceptibilidad a enfermedades inflamatorias y autoinmunes.
Harper resume que la biología masculina predispone a una mayor vulnerabilidad hacia la muerte, mientras que la biología femenina expone a una mayor vulnerabilidad hacia la discapacidad. Los expertos coinciden en que factores modificables como la alimentación, el ejercicio, el descanso y el manejo del estrés son determinantes para extender tanto la esperanza de vida como los años de bienestar en ambos sexos.




